EL PERDÓN: UN RECURSO TRANSFORMADOR

“Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los odian, y oren por quienes los persiguen” Mateo 5:44 Los religiosos de la época de Jesús enseñaban, respecto a las ofensas del prójimo: “Ustedes han oído que fue dicho:”Amarás a tu prójimo, y odiarás a tu enemigo”. (Mateo 5:43) ¿De dónde sacaron esto? ¿En el Antiguo Testamento? ¿En la Ley de Dios, hay algún versículo que afirme tal cosa? ¡No!  Al contrario, dice: “No te vengues, ni guardes rencor contra los hijos de tu pueblo, Ama a tu prójimo como a ti mismo, Yo soy El Señor (Levítico 19:18).

Por lo tanto, vemos que Jesús nos trae una enseñanza transformadora. No solamente dice que no debemos tomar represalias y venganza contra nuestros enemigos, sino que debemos tener una buena actitud  hacia ellos:

-“Amen a sus enemigos“. Ser bueno con el que es bueno, es fácil. Lo difícil es ser bueno con quien es malo, mantener serenidad frente a los que son irritantes, obrar con generosidad con los egoístas.

-“Bendigan a los que los maldicen“. Responder palabras amables a los que nos dirigen palabras hirientes.

-“Hagan bien a los que los odian. Tener acciones de bien en vez de usar agresiones y malos tratos.

Y oren por quienes los persiguen“. Perdonarlos delante de Dios cómo Cristo mismo lo hizo con los que lo subieron a la cruz.

Ser amable con el enemigo es una estrategia muy sabia. La cortesía inesperada e inmerecida desacomoda al que piensa mal y permite a uno tomar ventaja. De modo que, el que ofrece la otra mejilla, o quién recorre la segunda milla, no es sino un hombre de lleno de sabiduría que es recompensado por Dios.

El cristiano debe mostrar en toda ocasión, dominio propio. El que puede mantenerse firme en medio de una escalada de injurias es uno de los héroes de Dios. El obrar con mucha rapidez calmando un resentimiento, antecede a apagar un incendio, porque los frutos del resentimiento son muchos más peligrosos que los del incendio; porque un incendio una vez terminado, afecta algunas casas a lo sumo, mientras que el resentimiento puede ocasionar guerras, ruina y destrucción de muchos pueblos.

Si te han acusado, injuriado, insultado, no dejes que la bronca, el rencor o la sed de venganza inunden tu corazón. Cuanto más chico es el corazón, más odio acumula. Demostrá tu grandeza perdonando.

El camino del odio es un camino fácil, es la línea de menor resistencia. No se requiere tener un carácter superior para odiar. Tan solo dejarse llevar por los impulsos de nuestra naturaleza pecaminosa, darle vía libre a esa fuerza bruta que todos tenemos dentro nuestro. Para odiar no se necesita de heroísmo y bravura como en una pelea moral a brazo partido. De hecho, no importa cuán fuertemente agites los brazos y aprietes los dientes, es moralmente débil el que se entrega al odio.

Odiar es un desperdicio del corazón y el corazón es nuestro mayor tesoro.

Un sabio expresó: “El odio es el cólera de los débiles”.

Por lo tanto, cuando nos agravien, no solamente devolvámosle bien por mal, con eso ya lo habremos impactado  sin proponérnoslo, demostremos que nos ha hecho un favor, que nos ha sido de bendición.

Así que, perdonemos a nuestros enemigos, bendigámoslos, orando por sus vidas…. “Para que sean ustedes hijos de su Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” Mateo 5:45

Dios te bendiga en esta semana.

Manolo Jurczuk

Pastor

 

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