LA PALABRA DE DIOS ME LIMPIA!!

¿Cómo puede el joven limpiar su camino? ¡Obedeciendo tu Palabra!. Yo te he buscado de todo corazón; ¡no dejes que me aparte de tus mandamientos! En mi corazón he atesorado tus palabras para no pecar contra ti. ¡Bendito seas, Señor! ¡Permíteme aprender tus estatutos! Con mis labios siempre proclamo todas las sentencias que has dictado. Me alegra seguir el camino de tus testimonios más que poseer muchas riquezas. Siempre medito en tus mandamientos, y fijo mi atención en tus sendas. Mi alegría es el cumplir tus estatutos; ¡nunca me olvido de tus palabras! Salmos 119: 9-16 (RVC).

En estos versículos, el salmista nos plantea el problema de la limpieza. De la misma manera que utilizamos distintos productos de limpieza, de acuerdo a lo que necesitamos limpiar, sea una prenda de vestir o un ambiente de la casa, utilizamos el producto que tiene la mayor eficacia  y rendimiento en el resultado que buscamos.

Acá se nos muestra con claridad, que la limpieza del camino del joven y del no tan joven,  está en obedecer la Palabra. Tiene que ver con la limpieza del corazón,de quitar todo pecado y toda culpa que acarrea el mismo  y que afecta mi relación con Dios. Todo tiene que ver con todo, cuanto más amamos su Palabra y por ende, más amamos al Señor, más deseos tenemos de ser y estar  limpios para agradarle a Él. Debo centrar mi corazón en Dios y en Su Palabra, buscarlo a Él para vivir en santidad y no pecar contra Dios.

Entre más me acerco a la luz de la Palabra de Dios, más visible se hace la más insignificante mancha de pecado. Pablo le advierte a Timoteo «Huye también de las pasiones juveniles» 2ª. Timoteo 2: 22… y está en consonancia con lo que nos dice el salmista, ofreciendo un consejo sabio.

La victoria sobre el pecado se logra «con guardar tu palabra» (Salmos 119:9). Y, por supuesto, también vemos al frecuentemente citado versículo 11: «En mi corazón he atesorado tus palabras, para no pecar contra ti». La Palabra de Dios nos protege de la tentación si tan solo le prestamos la debida atención.

Por lo tanto, debemos seguir estos pasos: 1.- atesorar la Palabra en el corazón, 2.- aprenderla , 3.- proclamarla, 4.- seguir con alegría sus indicaciones, 6.- meditarla y 7.- llevarla a la práctica sin olvidarme de ella.

Dios te bendiga en este día y que puedas caminar en santidad delante de Dios.

Manolo Jurczuk

Pastor

 

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