ENFRENTANDO LAS CRISIS DE LA VIDA

2ª. Crónicas 20
Al leer este relato que muestra la experiencia del Pueblo de Dios en una situación de crisis como nación, vemos que la respuesta de Dios al clamor de Josafat fue asombrosa y extraordinaria de modo que estudiando los detalles de la vivido por el rey, podemos extraer algunos principios útiles para enfrentar cualquier crisis que pueden sobrevenir a nuestra vida.
La clave siempre es buscar a Dios y más aun en los momentos difíciles
¿Qué hago si de repente se levanta una tormenta como ocurrió en estos días en la zona del Rio de la Plata afectando las costas de Buenos Aires, Montevideo y regiones de Bolivia y Paraguay?
¿Qué hace uno si su casa es arrasada por un tornado, o si está a punto de morir?: ORA. Y la oración que generalmente hace no es una de esas escritas en los libros devocionales. La oración que uno hace y el clamor ante una situación así es con desesperación y le pide a Dios que lo salve junto a su familia. La suplica es: Señor salva mi hogar y detén la tormenta. Clamarías: « ¡Ten misericordia de mí! ¡Ten misericordia!»
CUANDO LAS CRISIS ( LAS TORMENTAS) ACECHAN MI VIDA
Las tormentas pueden aparecer en nuestra vida de manera inesperada y de múltiples maneras: Puede partir de un diagnóstico desalentador dado por el médico, una crisis financiera, una noticia devastadora, un familiar que se muere trágicamente. Esas tormentas nos ponen de rodillas, nos introducen al oscuro rincón de nuestros temores.
Y en esos momentos oramos. En el relato bíblico vemos que Josafat no consultó a sus generales del Ejercito porque sabía que su nación estaba en inferioridad y no poseía un poder militar para luchar contra tamaño enemigo que lo superaba en todo. Nos enseña lo que debemos hacer: «Josafat… se dispuso a buscar al Señor, y proclamó ayuno en todo Judá» (v. 3).
DEBO COMPARAR LA CRISIS CON EL DIOS EN QUIÉN CREO Y EN SUS PROMESAS
Josafat reunió al pueblo viendo el peligro que acechaba la nación. Pero luego los guió a enfocarse en el Dios Todopoderoso, y a clamar por Su Poder y sus promesas.
Él se centró primeramente en los atributos de Dios: «Oh Señor, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos? ¿Y no gobiernas tú sobre todos los reinos de las naciones? En tu mano hay poder y fortaleza y no hay quien pueda resistirte.» (2 Cr 20.6) Cuando comparamos la furia de la tormenta (crisis) con el Poder del Dios Todopoderoso, ¡la tormenta inmediatamente se achica! Se convierte en algo insignificante!!
Y después, dice que Josafat le recordó a Dios Sus Promesas para con su pueblo. vv. 7–9.
Josafat trajo a la memoria, las palabras del rey Salomón, quien oró dedicando el templo en el siglo anterior : 2 Crónicas 7: 11-16 Nos dice la Escritura que esa noche después de la ceremonia, Dios se le apareció a Salomón y le hizo una promesa algo que Su pueblo ha estado clamando desde entonces. Esa oración estuvo en el corazón de Josafat en medio de la crisis.
Afirmar los pensamientos y emociones en La Palabra nos ayudará a orar en medio de la crisis. Esa Palabra, guardada en el corazón, es de mucha ayuda en el momento de enfrentar cualquier tormenta que se pueda presentar ante nuestra vida.. «El que habita al abrigo del Altísimo morará a la sombra del Omnipotente…Pues dará órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos.» (Salmos 91: 1, 11).
DEBO TENER ABSOLUTA DEPENDENCIA DE DIOS
La reunión de Judá fue un testimonio elocuente sobre su dependencia en el Señor. Familias enteras se reunieron, incluso los niños, se juntaron para orar y ayunar (v. 13). Ellos sabían que Dios era su única esperanza. Si Él no intervenía, los destruirían. Josafat terminó su oración con esta declaración: «No tenemos fuerza alguna delante de esta gran multitud que viene contra nosotros, y no sabemos qué hacer; pero nuestros ojos están vueltos hacia ti.» (v. 12)
Siempre la tormenta nos conduce a la dependencia absoluta de Dios, nos lleva a confesar que no hay nada ni nadie más que nos pueda salvar —ni mi posición o habilidad, ni mis contactos, ni mi educación, ni la religión ni la fortuna. Por eso es bueno que permitamos que Dios sepa que sabemos que Él es nuestra primera, última y única opción.
Si bien es cierto que podemos orar adoptando cualquier posición, no es menos cierto que mi postura puede reflejar la actitud de mi corazón. Muchas veces debemos orar postrados sobre nuestro rostro y este en el piso. Otras veces con las manos levantadas hacia el cielo. De igual manera, cuando decidimos ayunar por un tiempo, nos estamos recordando —a nosotros mismos y a Dios— que contamos con Él y tan solo en Él.
La oración colectiva, el ayuno, y la confesión nos permiten decir, mientras la tormenta azota a nuestro alrededor, que nuestra esperanza está en Dios. Solamente en Él.
A CONTINUACIÓN… ¿QUE HACER? : SOLO ESPERAR QUE DIOS SE MANIFIESTE.
Cuando Josafat terminó su oración, no había más que decir. Mientras el enemigo se acercaba, «todo Judá estaba de pie delante del Señor, con sus niños, sus mujeres y sus hijos» (v. 13). Ellos simplemente esperaron. Y Dios habló a través de un hombre llamado Jahaziel (v. 14). La respuesta de Dios fue la adecuada para la situación. Ellos estaban atemorizados así que Dios los reconfortó.
«No temáis ni os acobardéis delante de esta gran multitud, porque la batalla no es vuestra sino del Señor… salid mañana al encuentro de ellos porque el Señor está con vosotros» v. 15, 17.
Ellos no sabían qué hacer, estaban desorientados y Dios les dio instrucciones claras y precisas.
«Descended mañana contra ellos. He aquí ellos subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis en el extremo del valle, frente al desierto de Jeruel. No necesitáis pelear en esta batalla; apostaos y estad quietos, y ved la salvación del Señor con vosotros, oh Judá y Jerusalén.» vv. 16–17
La oración no es un monólogo. Debo aprender a experimentar «la oración que oye» Pero ¿cómo me habla Dios? Primeramente lo hace través de Su Palabra o puede comunicarse a través del consejo de un hermano o a través de las mismas circunstancias. Algunas veces incluso nos habla a través de sueños o nos trae a la memoria Su Palabra «No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre; mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán; cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará. Porque yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador.» Isaías 43: 1-3
MI RESPUESTA DEBE SER EN OBEDIENCIA
«Se levantaron muy de mañana y salieron al desierto de Tecoa» (v. 20). Unas horas antes, estos mismos israelitas estaban paralizados por el temor. Más ahora, respondiendo en obediencia al Señor, se levantaron temprano para encontrarse con un enemigo destinado a ser destruido. Pero en lugar de salir con sus mejores soldados, Josafat «designó a algunos que cantaran al Señor y a algunos que le alabaran en vestiduras santas» (v. 21). Marcharon hacia delante, alabando a Dios con palabras de triunfo del Salmo 136: «Dad gracias a Dios porque para siempre es su misericordia.»
¿Sabías que la adoración forma parte de la guerra espiritual? Pues acá está demostrado como la adoración es un acto de guerra espiritual y de valentía porque es la expresión extrema de la confianza en el Señor. Cuando uno se encuentra atravesando una tormenta, cuando las circunstancias son devastadoras, cuando miramos a nuestro alrededor y no vemos otra cosa que caos, allí es donde debemos cantar y adorar a nuestro Dios y de este modo afirmamos: «Mi Dios es más grande que esto. Confió en Él y en Sus promesas más que en lo que observo en esta situación, más que mi percepción de la realidad.»
POR ULTIMO, SIEMPRE DEBO ESPERAR LO MEJOR DE DIOS
El Señor hizo que se confundieran los enemigos y tal fue la confusión que se pelearon entre ellos y unos a otros se eliminaron. Algunos opinan que Dios también intervino con sus huestes angelicales. vv. 22–23
Los invasores fueron vencidos. Las muchas provisiones que trajeron se convirtieron en un abundante río de bendiciones de Dios. «Estuvieron tres días recogiendo el botín pues había mucho» (v. 25).
¡Y todo ocurrió sin que se levantara una sola arma en Judá! El pueblo de Dios elevó una oración desesperada, y Él los liberó de la tormenta.
Hermano/a: Siempre habrá tormentas en el horizonte de tu vida. Eso es algo difícil de evitar. Los hijos de Dios no poseen una inmunidad especial , no estamos exentos de sufrir la furia de una tormenta. Pero, ya sea que la tormenta pase de largo o nos afecte con su fuerza, la oración es nuestro refugio bajo el cielo tormentoso. En los momentos de desesperación, la oración nos conecta con el Dios de la tormenta. El mismo Jesús que trajo paz a un bote colmado de discípulos temerosos todavía Reina hoy. Y le dice al viento: calla, enmudece y la tormenta cesa y las aguas todavía hoy obedecen Sus órdenes. ALELUYA!!!
Dios te bendiga!!
Adriana y Manolo Jurczuk
Pastores

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