UN ENCUENTRO TRASCENDENTE Y TRASFORMADOR

JUAN 4: 1- 42
Resulta sumamente valioso y de una gran enseñanza leer y meditar acerca de lo que el evangelista Juan describe en su evangelio como uno de los encuentros más significativos que podemos encontrar en la Biblia. Se trata del que tuvo Jesús con una mujer, una mujer samaritana en un cálido medio día, alrededor de un pozo luego de un largo caminar, cuando Él le pide a ella un poco de agua mientras fatigado, esperaba a sus discípulos quienes se habían ido a la ciudad para comprar algo de comer.
Los conceptos expresados por el Maestro que encontramos aquí, impactan la mente de cualquiera que lee este pasaje de la Biblia y son muy pertinentes para nuestra vida hoy.
Una de las verdades que descubrimos es que el agua de vida es una persona: Esa persona es Jesús, de eso no hay duda y queda bien claro en el relato, sin embargo, mirando a lo largo de la historia del hombre en esta tierra, muchísimas fuentes o lugares de abastecimiento han aparecido como centros de provisión de diversas “aguas” para que el hombre intente en ellas buscar una salida y una ayuda para su afligida vida. Pero lo cierto es que la única fuente que “salta para vida eterna es Jesús”.
Vemos también de parte de Jesús un muy sabio modo de plantear temas espirituales partiendo de aspectos de índole material, a partir de una necesidad básica como lo es el agua. El modo como Jesús conduce la charla desde esa necesidad para luego instalar el interés acerca de una necesidad más profunda como es la de buscar algo más sustancial que el agua. Él vio en esa mujer a una persona con mucha necesidad de ser amada, de reconocimiento, de perdón; vio sus heridas profundas en el alma, y le propuso profundizar esa búsqueda para sanar su corazón herido. Pero siempre tal tarea, al ponerse uno frente a Jesús, implica tener que abrir el corazón y sincerarse respecto a la vida personal, familiar y de pareja. Ante Dios caemos desnudos y no nos queda otro camino que reconocer el diagnóstico que Él tiene de nosotros: de que somos pecadores y nos hemos desviado del propósito que Él estableció para cada uno. También es evidente algo que hizo Jesús y tiene que ver con derrumbar un concepto prejuicioso de ese tiempo, y es que ” los samaritanos y los judíos no se llevaban bien y no se podían hablar”. Ante estos hechos, los ojos espirituales de esta mujer se fueron abriéndo cada vez más, de tal modo sucedió que ella finalmente lo reconoce a Jesús como un profeta, dice el relato que “dejando su cántaro”, se dispuso con celeridad y sin pérdida de tiempo en ir a hablar con sus conciudadanos de lo ocurrido en ese trascendental encuentro en el pozo.
¿Será el mesías? “Me dijo todo lo que he hecho”- afirmó la mujer- . Su testimonio provocó en esa ciudad de Samaria un impacto que revolucionó la vida tranquila de la aldea. Jesús al hablar con ella y de alguna manera inducir a que salga a la luz todo lo que le había sucedido (pero de ninguna manera su intención era hacerla sentir mal ni a tampoco condenarla, al contrario). Él vio lo que esa mujer era capaz de hacer, el potencial que ella tenía. En otras palabras, ella aceptó su situación de pecado y a pesar de ello, vemos que enfrentó la vergüenza y el prejuicio que pesaba sobre su vida, ella creyó en Él y permitió que el agua de vida que es Jesús la saciara y sanara su corazón.
Y mientras eso pasaba con esa mujer, sus discípulos que estaban de regreso de la ciudad, ( pues habían ido a buscar algo para alimentarse) permanecían con los ojos vendados ya que insistían en que “Jesús comiera algo”…Maestro, come…..come… Pero Jesús les da una respuesta que deja en total evidencia tal ceguera, les dice… mi alimento, “mi comida es hacer la Voluntad de mi Padre, acabar la obra que vine para hacer”. Y profundiza aún más cuando dice: ¿No dicen ustedes, aún faltan 4 meses para la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Jesús estaba viendo la cosecha que se venía en Samaria, fruto del testimonio de esta mujer, que se llenó de fuerza y predicó de su encuentro con Jesús.
Hoy nos dice a nosotros esto mismo, mientras estamos tratando de alimentarnos de la comida que perece, comida que no nos satisface eternamente, Él nos dice: los campos están blancos para la siega, tan solo tienen que hablar a los demás de vuestro encuentro con el Maestro, con Jesús. Eso es nuestro testimonio, como lo sucedido con la mujer, y que sin dudar producirá un impacto en la comunidad como le ocurrió a la mujer. Nuestra ciudad nos está esperando, necesita que la Iglesia de Jesucristo comience a hablar de Jesús.
La escritura continua diciendo “Y muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: me dijo todo lo que he hecho”
El testimonio tuyo puede ser tan y aun más eficaz que el de esta mujer, si tan solo te dispusieras a obedecer a Dios. No esperes más, sal a compartir tu experiencia con Jesús a todos los que te rodean.
Dios te bendiga
Adriana y Manolo
Pastores

No hay comentarios aún... ¡Se el primero en dejar una respuesta!

Dejar un Comentario