ARDIENDO PARA DIOS

Levítico. 6: 12-13
El célebre predicador Charles Spurgeon decía: Necesitamos hombres al rojo vivo, hombres a los cuales no puedas acercarte sin sentir que tu corazón se calienta. Hombres que se abran paso en todos sus trabajos y tareas, con corazones ardiendo para Dios
Cualquiera que sea tu posición en el ministerio de la iglesia, Dios quiere que tu vida sea una “Llama Ardiente”. Cualquiera sea la tarea donde Dios te ha puesto, debes ser una llama ardiente.

  • Necesitamos más que habilidad y destreza para servir a Dios. Necesitamos Su sentida Presencia.
  • No necesitamos un conocimiento intelectual extraordinario, necesitamos un Poder espiritual extraordinario.
  • No es suficiente con ser fieles, también queremos ser fructíferos en el ministerio y eso se logra con: Unción, Llenura, Presencia.

1.- El sacerdote en Israel tenía la sagrada tarea asignada por Jehová de mantener el fuego ardiendo de día y de noche en el altar. El Señor dio instrucciones a los sacerdotes diciendo: Y el fuego encendido en el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en el leña cada mañana… El fuego arderá continuamente en el altar, no se apagará. El creyente, como rey y sacerdote del Dios Altísimo, tiene la sagrada tarea de mantener el fuego ardiendo.
2.- El fuego inicial fue dado por Dios. No se encendía un fuego cada día, se mantenía vivo el fuego original, el fuego que Dios encendió. Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto… y viéndolo todo el pueblo, alabaron y s postraron sobre sus rostros. Nosotros lo mantenemos pero es Dios quien lo da, quien lo otorga.
Al igual que en el antiguo Pacto, existen esas dos características:
1).- El fuego inicial de esta Nueva Dispensación fue dado por el Señor en Pentecostés. Hechos 2:1-4 El es el dispensador del Fuego Santo. El es el otorgador del Fuego Sagrado. El es quien nos unge, nos bautiza con Su Presencia y con Fuego.
2).- Al igual que los sacerdotes del A.T., debemos mantener la Llama del Espíritu Santo encendida y ardiendo. Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don que está en ti. 2Tim 1:6 La “Gracia de Dios”, el Don, ya estaba en Timoteo. El Espíritu Santo es la obra primaria en la vida del creyente. Nadie puede convertirse, regenerarse, alcanzar la salvación sin la Divina Presencia del Espíritu de Dios. Pero la demanda es que “Avives”, que soples para que lo que Dios te dio se encienda. Hay algo que Dios hace, pero hay algo que Dios ha puesto como nuestra personal responsabilidad: “Avivar el fuego de Su Presencia”. El te da el don, tú debes convertirlo en llamas.
La tendencia natural del fuego es apagarse. El mundo indiferente, los corazones fríos, la sociedad materialista, nuestras miradas hacia atrás, los compañeros de batalla que abandonan, tienden a apagar el fuego. Si no avivas el fuego constantemente en tu corazón dejará de arder y tu vida dejará de ser una opción válida para este mundo.
Tu evangelismo, tu amor, tu ministerio, tu servicio, todo tus dones pueden ser cenizas, brasas o llamas, según como hayas atendido el fuego que Dios puso en tu vida.
La falta de santidad, el pecado, la desobediencia, la rebelión, las malas compañías; apaga el fuego.
Por el contrario: el ayuno, el ejercicio de los dones, la cercanía a Su Presencia, la comunión con el cuerpo de Cristo: aviva la llama.
El cristianismo desapasionado, tibio no va a hacer retroceder el reino de las tinieblas. Un líder desapasionado nunca encenderá a sus discípulos ni afectará al mundo con esa temperatura ministerial. Un líder de jóvenes que no es apasionado nunca incendiara por Cristo a la juventud, como un maestro de niños no encenderá esas pequeñas vidas si él o está ardiendo.
La madera, el altar, el sacrificio no basta, como no basta la doctrina, el ministerio, los cultos, debe haber fuego, Fuego de Dios, fuego que consuma, fuego sobre nuestras vidas, fuego sobre nuestro ministerio.
Clamemos al Señor: “Enciéndenos Señor, enciéndenos Señor” Elías oró hasta que el fuego cayó sobre el monte Carmelo. Eso hizo que los incrédulos gritaran: “Jehová es Dios, Jehová es Dios”
Elías oró hasta que el fuego cayó en el monte Carmelo, y esa fue la evidencia que hizo que la muchedumbre idolatra y apartada clamara: Jehová es el Dios, Jehová es el Dios
¿Podrá ese fuego que encendió el altar del Tabernáculo, la zarza del desierto, el sacrificio del Monte Carmelo, el Aposento Alto, venir hoy sobre nuestras vidas y encendernos?
Como siervos de Dios, no disponemos de otra alternativa al Espíritu Santo, es con Él o nada. Necesitamos ser una iglesia mucho más que atareada, amistosa o evangélica; necesitamos ser una iglesia ardiendo, una iglesia al rojo vivo.
Si el predicador arde por la Presencia de Dios, la iglesia arderá; si el líder de célula arde por el combustible del Espíritu Santo, su célula arderá, si el coro, los músicos, los maestros de niños, los ujieres, los consejeros arden al rojo en la Presencia de Dios, la iglesia toda arderá porque no podrá soportar el fuego.
El cristianismo desapasionado no apagará el fuego del infierno. Un líder desapasionado nunca encenderá el pueblo. Un líder de jóvenes desapasionado nunca logrará encender a la nueva generación.
La leña, la madera y el altar no son suficientes, necesitamos fuego, Fuego que descienda de lo alto y encienda nuestros corazones.  ENCIÉNDENOS NUEVAMENTE SEÑOR, ENCIÉNDENOS NUEVAMENTE SEÑOR. Amén.

Pastor Hugo Marquez – Iglesia Jesús es Rey – Neuquén

2 Respuestas para “ARDIENDO PARA DIOS”

  1. Creo tambien que los únicos que pueden apagar ese fuego de la pasión y del primer amor, es uno mismo.
    Mantener la llama encendida hace estar VIVOS, con proyectos de vidas, con ganas de más fuego!!!

  2. Y LA OLA DE FRÍO POLAR???
    Nada puede detener el deseo de estar juntos con los hermanos y compartir la grandeza de Dios. Pese al clima en el que nos toca vivir debemos mantenernos unidos con el Espiritu Santo para seguir dando Calor a los que necesitan!!

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