MILAGRO EN EL TEMPLO

En la reunión del domingo 29 de Mayo, Dios me llevó a compartir con los hermanos la Palabra que encontramos en San Lucas 6:6-11 (Mr.3:1-6; Mt.12:9-14) donde nos describe el Dr. Lucas acerca de lo sucedido un día de reposo en una sinagoga cuando Jesús se presenta para enseñar y para compartir. Es interesante que este evento, dentro de los muchos que se sucedieron a lo largo del ministerio terrenal de Jesús, permite encontrar varios temas cuando uno lee y estudia lo ocurrido esa mañana. Podríamos ponerles como título …. ” Milagro en el templo”, pero también podría ser “Jesús dignifica al ser humano”, o “Fe en acción”, o “Restauración de una vida”, o “Premio a la obediencia”, o “La indiferencia de los religiosos”, o “La valentía de Jesús”, o “Un encuentro con Jesús”, o muchos otros que nos llevan a escudriñar y meditar en esta Palabra.
Sin embargo, hoy quiero enfatizar en otro tema que no he nombrado y que tiene que ver con algo que Jesús enseña claramente en esta oportunidad y está relacionado con lo que ocurrió ese día.
LA RE-SIGNIFICACIÓN DE CONGREGARNOS: Jesús concurre a una sinagoga, que es un templo como los de ahora, y ha hecho esto durante todo su ministerio terrenal mostrando claramente lo importante de asistir, concurrir a los encuentros, a las reuniones de la comunidad, de la Iglesia. En muchos pasajes leemos que Jesús concurría a la sinagoga, pero en Lucas 4:16 se registra otro ingreso a la sinagoga con un agregado, “como era su costumbre”. Lucas lo enfatiza, y vemos que para Jesús era importante, era algo significativo el hecho de asistir a las actividades en la sinagoga, o sea, a las reuniones que tenían en las distintas localidades de Palestina.
En el capítulo 6, nos da a entender también que ya en otra ocasión, en otro sábado, Jesús estuvo allí. El hombre de la mano seca probablemente no estuvo, por tal razón, podríamos inferir que no fue sanado con anterioridad, pues, justo ese día que Jesús estuvo, él no fue a la reunión. Cuántas veces nosotros, por distintas razones que se convierten en frágiles excusas, no asistimos a la reunión y sucede que justo ése día se manifiesta la Presencia de Jesús, Él quiere obrar un milagro y no lo hace en nosotros, porque se nos ocurrió no asistir. La promesa que hizo Jesús es que Él está siempre donde 2 o 3 están reunidos en Su Nombre, por lo tanto, uno no debe dudar de la Presencia de Jesús, al contrario, Él siempre está y estará con nosotros, pero el milagro no ocurre porque me doy el lujo de no asistir y me pierdo la bendición.
Obviamente que hay situaciones que son justificadas, una enfermedad que te obligue a estar internado, un trabajo que no puedes dejar de hacer, etc., cada uno sabe en su corazón cuando decide no ir y si esa razón es frágil para justificar la ausencia.
Querido hermano/a, Jesús nos dice con claridad que es muy, pero muy importante, congregarse y Él nos dejó su ejemplo. Si en tu corazón hay expectativa de que Dios ha de obrar un milagro, cada vez que te reúnas con los hermanos ese milagro ocurrirá como le sucedió a este hombre necesitado de recuperar la vitalidad sobre lo que se había secado, para poder cumplir con su propósito. El hombre de la mano seca fue a la sinagoga como muchas otras veces fue pero ese día ocurrió lo que él estaba esperando, ese milagro que cambió su vida, y eso fue posible por la Presencia de Jesús.
Cada vez que concurras a la reunión de tu congregación, anda con esperanza, anda con fe y no tengas temor de responder al llamado del maestro cuando dice: “levántate y ponte en medio o frente a todos”, en ese acto de fe, comienza a gestarse el milagro que tanto esperabas. El autor de la carta a los Hebreos nos dice” no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. (Hebreos 10:25)
Dios te bendiga ricamente esta semana
Pastor Manolo Jurczuk

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